EL HOLLYWOOD QUE NO CONOCES

jueves, 16 de abril de 2015

CINE VENEZOLANO V

En 1916 Enrique Zimmerman realiza la primera película larga de ficción de la cual se tiene registro: La Dama de las Cayenas o Pasión y Muerte de Margarita Gutiérrez. Ocho años luego, en 1924, se filma La Trepadora, una adaptación de la novela de Rómulo Gallegos. Casi finalizando los años 20, todo lo que apuntaba a la cinematografía se re impulsa cuando el Presidente Juan Vicente Gómez instala los Laboratorios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas en la ciudad de Maracay. De igual forma, en Barquisimeto, Amábilis Cordero funda los Estudios Cinematográficos Lara. Con la salida de diversos noticieros y revistas, el cine nacional comienza a tomar gran relevancia en las pantallas del país.
En 1973, la película Cuando Quiero Llorar no Lloro, de Mauricio Walerstein, basada en la novela de Miguel Otero Silva, logrando un éxito sin precedentes en taquilla, lo que comienza un “boom” del llamado Nuevo Cine Venezolano, corriente de cine social muy famosa en los años setentas y cuyos exponentes serían, además de Walerstein, Román Chalbaud con su film El pez que fuma, Clemente de la Cerda con Soy un delincuente. Sin embargo, dicha corriente se mantendría incluso durante gran parte de los años ochenta, con películas como Macu, la mujer del policía de Solveig Hoogestein y Homicidio Culposo de César Bolívar. En el año 1984, seis películas venezolanas: La graduación de un delincuente, Macho y hembra, Ya-Koo;  Oriana, El atentado y Más allá del silencio, se encontrarían entre las diez películas más taquilleras del país. Cabe destacar que durante esta década el país cae en una profunda crisis financiera, lo que repercute en una notable disminución del cine nacional.















sábado, 4 de abril de 2015

CINE WESTERN IX

El western es, sin lugar a dudas, el género clásico americano por excelencia y su marco histórico se sitúa en el Oeste Norteamericano del siglo XIX, con todas las connotaciones humanas, sociales y políticas de la época. Como género, su esplendor se ha mantenido a lo largo de la Edad de Oro del cine, pero su prominencia como tal ha decaído desde fines de la década de los ’70, si bien ha logrado en la década de los ’90 un reconocido, pero fugaz resurgir. El Western es el género que probablemente mejor defina a la industria cinematográfica de los Estados Unidos y con nostalgia se adentra en los años de expansión de la civilización por sobre las fronteras de los nativos en la conquista del territorio virgen. Las películas de este género se desarrollan en los estados del Oste norteamericano durante el periodo que abarca desde el comienzo de la Guerra Civil en 1860 hasta el final de las llamadas Guerras Indias en 1890, sin embargo, este periodo cronológico presenta sus alternativas. Algunos westerns incorporan la Guerra Civil, un conflicto esencialmente ligado al este del Río Mississippi, e incluso han cruzado la frontera norteamericana, frecuentemente en México.

El denominador común popular de las películas del oeste es un personaje central de características nómades o errantes similar a los caballeros de los antiguos cuentos y poesías europeas enfrentando villanos, rescatando mujeres en peligro y transgrediendo las normas de las estructuras de la sociedad sin traicionar su honor, bajo la figura de un vaquero o un pistolero cuya caracterización incluye una vestimenta típica, su revolver y su fiel compañero el caballo, figura que llega a adquirir dimensiones importantes para la historia narrada. El western toma estos elementos y los usa para contar cuentos morales ambientadas en el escenario del oeste, muchas veces un paisaje desértico, salvaje y desolador con sus ranchos y fuertes en medio de la nada y otras tantas veces en la típica descripción del pueblo del oeste: el almacén local, las vías del tren en cuyos vagones albergara persecuciones, un banco que será atracado, la cantina de bebidas, juegos de azar, música autóctona y prostitutas, frecuente escenario de peleas y tiroteos entre los fuera de la ley y finalmente la celda del alguacil que albergara a los malhechores. Como genero el western es polifacético y contiene varios subgéneros con films que se ambientan en las Guerras Indias, la Guerra Civil y las Guerras Mexicanas. De todas maneras, es usual que el western retrate la conquista de la civilización por sobre la barbarie y la subordinación de la naturaleza o lo nativo o la confiscación de territorios sobre derechos a los habitantes originales de los mismos.
El western escenifica una sociedad organizada en base a códigos de honor, ya sea en familia o en soledad, más que al apego de la ley en si. En las películas estas temáticas están contrapuestas y el avance de la civilización es inevitable.
Los primeros westerns eran filmados en estudios, al igual que otras películas de Hollywood, pero cuando la filmación en exteriores se hizo mas común, los productores utilizaron locaciones aisladas en el Oeste en lugares como California, Utah, Arizona, Nevada, Texas, Kansas y Colorado haciendo del paisaje no solo un factor mas vivido y evidenciable, sino al punto de convertirse en un factor fundamental del film. Como arquetípicos personajes vaqueros y pistoleros juegan un rol fundamental en las películas de westerns. En sus frecuentes batallas contra los nativos americanos, estos últimos son retratados como villanos y deshonestos, si bien el western revisionista les otorga un lugar alejado de dicho estereotipo y les da un tratamiento mas comprensivo de su accionar.
El genero western encuentra sus raíz iniciática en el film Asalto y Robo al Tren (The Great Train Robbery) que Edwin Porter rodara en 1903, época del cine mudo, haciendo populares a estrellas interpretativas como Broncho Billy Anderson y Williams S. Hart. Cineastas como David Wark Griffith con La Masacre (The Massacre, 1909) y una gran cantidad de cortos dieron vida al género. Durante la etapa del cine mudo John Ford plasmaría en El Caballo de Hierro (The Iron horse, 1924), un estilo entre romántico y épico que sentaría la estética que caracterizaría al western clásico que popularizaría con su obra cumbre La Diligencia (Stagecoach, 1939) luego de muchos años de filmar westerns de clase B. La Diligencia fue un punto de inflexión donde personajes y situaciones cobraban mas peso y encontraban su densitud moral. Ese mismo año Cecil B. De Mille filmaría de forma espectacular la construcción de una ferroviaria en Union Pacific (1939). Los cimientos del género estaban poco a poco consolidándose y la época de esplendor no tardaría en llegar.






























CINE DE TERROR Y CIENCIA FICCION VII

El cine fue descrito por los surrealistas como un hechizo pagano que devolvía a la vida a los muertos, así que todas las películas podrían ser, en cierto sentido, películas de fantasmas. Era, por tanto, el medio ideal para trasladar los placeres perversos de la literatura gótica, una forma de arte muy mal vista durante la época victoriana que sólo empezó a ser aceptada cuando la letra se transformó en luz y sombra (sobre todo sombra). Muy pronto, nuestros tatarabuelos descubrieron que la sala oscura estaba ahí para pasar miedo.
1890s/1900s: 
Georges Méliès inventó la mayoría de lo que hoy conocemos como géneros cinematográficos (incluso el porno, por si te lo estabas preguntando), así que a él le debemos la primera película de terror: ‘Le manoir du Diable’ (1896), una fantasmagoría de tres minutos que parece, más bien, un breve retablo humorístico a costa del gótico. Japón se lo tomó más en serio con ‘Shinin no sosei’ (1898), una pesadilla sobre un cuerpo resucitado que, por desgracia, hoy en día se considera perdida. Y, salvo la‘Esmeralda’ (1905) de Alice Guy, primera adaptación de ‘El jorobado de Nuestra Señora de París’, no tenemos más datos sobre monstruos en celuloide hasta 1910.
1910s: 
En 1910, el denominado ‘Frankenstein de Edison’ supone la carta de presentación de la espantosa progenie de Mary W. Shelley en el medio cinematográfico. El inventor no tuvo nada que ver en su proceso de creación, sino que sólo era el propietario de los (rudimentarios) estudios donde se produjo. Otro titán de las letras como Edgar Allan Poe fue traducido a imágenes silentes por el mismísimo D.W. Griffith en ‘La conciencia vengadora’ (1914), remix de ‘El corazón delator’ y ‘Annabel Lee’. Cuidado, porque puede que el ‘William Wilson’ de Poe fuera también una de las fuentes de inspiración de ‘El estudiante de Praga’ (1913), fábula moral de aliento fáustico que tendría remake en 1926.

1920s: 
Lon Chaney se convierte sinónimo de terror cinematográfico gracias a sus vanguardistas maquillajes y, bueno, su talento inconmensurable. Los tres iconos tenebrosos de su filmografía son ‘El jorobado de Notre Dame’ (1923), ‘El fantasma de la Ópera’ (1925) y‘London After Midnight’ (1927), quizá la película perdida más mítica e influyente de todos los tiempos. En lo que respecta al frente europeo, sombras expresionistas se cernían sobre Alemania: ‘El gabinete del Dr. Caligari’ (1920) le tomó el pulso a una sociedad que se estaba sumiendo, cual sonámbula, en una alucinación colectiva; mientras que el‘Nosferatu’ (1922) de Murnau se manifestó casi como un tratado de las posibilidades ocultistas del cinematógrafo.
1930s:
La Gran Depresión fue un sueño de la razón (capitalista) que produjo monstruos: ‘Drácula’‘El doctor Frankenstein’, ambas de 1931, se configuraron como la gran catarsis gótica que Estados Unidos necesitaba en tiempos difíciles. Además, crearon toda una caligrafía del horror de la que el género sigue dependiendo hoy en día. El estudio que los vio nacer, Universal, dominó el resto de la década sin demasiadas complicaciones: ‘La momia’‘El caserón de las sombras’ (ambas de 1932), ‘El hombre invisible’ (1933) y ‘La novia de Frankenstein’ (1935) son algunas joyas de su cegadora corona. Otros estudios intentaron plantarle cara, pero sólo ‘Los crímenes del museo de cera’ (1933) y ‘El hombre y el monstruo’ (1931), innovadora adaptación del mito de Jekyll y Hyde, se acercaron.
1940s: 
Es la década de Val Lewton, superproductor de la RKO que es considerado el gran catedrático de la Universidad de la Sugestión. Sus colaboraciones con Jacques Tourneur, especialmente ‘La mujer pantera’ (1940), demuestran que el bajo presupuesto puede ser sinónimo de alta distinción. Mientras tanto, la Universal comenzó la década añadiendo un nuevo nombre a su olimpo: ‘El hombre lobo’ (1941), que sólo dos años después conocería al monstruo de Frankenstein en ‘La zíngara y los monstruos’ (1943). Fue el origen de las ensaladas de monstruos del estudio, un lento y progresivo descenso de calidad que culminó en la autoparódica ‘Abbott y Costello contra los fantasmas’ (1948). Los cómicos le clavaron una estaca en el corazón al legado de sombras de la Universal, pero de paso acuñaron la posmodernidad en el cine.